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¿Conviene medir el ruido con un sonómetro o colocar un dosímetro a la persona trabajadora? Para elegir bien, la primera pregunta no es qué aparato tenemos disponible, sino qué necesitamos conocer: el ruido de una tarea, la exposición durante distintos trabajos o lo que ocurre a lo largo de la jornada.
Dosimetría y sonometría: qué diferencia hay
Sonometría: medir el ruido durante una actividad
La sonometría utiliza un sonómetro. Para evaluar exposiciones laborales variables se emplea un sonómetro integrador-promediador, que permite obtener el nivel equivalente durante un periodo. El sonómetro no integrador tiene un uso más limitado: sirve para medir ruido estable. Por tanto, sonometría no significa necesariamente tomar una lectura instantánea.
Dosimetría: medir mientras la persona trabaja
El dosímetro es un equipo que lleva la persona durante la medición. Su micrófono se sitúa cerca del oído más expuesto y registra el ruido recibido durante ese tiempo. Resulta especialmente útil para seguir la exposición sin tener que acompañar cada desplazamiento con un sonómetro.
¿Cuándo conviene utilizar cada método?
Cuándo elegir la sonometría
La medición con sonómetro integrador-promediador encaja especialmente bien cuando el trabajo puede dividirse en tareas identificables, con una duración conocida y un ruido representativo. Se mide cada tarea y después se calcula su contribución a la exposición diaria. No basta con conocer cuánto ruido hay: también hay que saber cuánto tiempo está expuesta la persona.
Ejemplo orientativo: trabajo repetitivo en una máquina
Imaginemos una persona que realiza ciclos similares de corte y preparación. Si podemos identificar las operaciones, medir muestras representativas y conocer sus tiempos, plantear una evaluación por tareas con sonómetro integrador puede ser una opción adecuada. La decisión dependerá del análisis real del trabajo.
Cuándo elegir la dosimetría
La dosimetría suele ser más práctica cuando la persona cambia de zona, utiliza distintas máquinas o realiza actividades cuyo ruido varía de forma difícil de prever. También facilita las mediciones prolongadas cuando resulta complicado separar el trabajo en tareas bien definidas.
Ejemplo orientativo: mantenimiento en distintas zonas
Pensemos en una persona de mantenimiento que atiende averías y se desplaza entre instalaciones. En ese supuesto, un dosímetro puede acompañar sus movimientos y registrar los cambios de exposición. Conviene anotar las intervenciones para relacionar después los niveles registrados con el trabajo realizado.
El instrumento no sustituye a la estrategia de medición
Antes de medir hay que decidir cómo obtener una muestra representativa. Existen tres planteamientos principales:
- Por tareas: se miden por separado las actividades y se consideran sus duraciones.
- Por puesto o función: se toman muestras de trabajadores con exposiciones similares.
- Por jornada completa: se registran tanto los periodos ruidosos como los de menor exposición.
Llevar un dosímetro un día no garantiza que la evaluación sea suficiente. El número de jornadas y de muestras debe responder a la variabilidad del trabajo y a la estrategia elegida. Además, sonometría y dosimetría pueden complementarse para contrastar resultados.
Qué resultados debemos entender
Nivel equivalente y exposición diaria
El LAeq,T resume el ruido durante el periodo medido. El LAeq,d expresa la exposición diaria referida a ocho horas. No son necesariamente iguales: una medición de una tarea no representa por sí sola toda la jornada.
Nivel de pico
El LCpico permite valorar los máximos instantáneos, importantes cuando hay golpes o impactos. No debe confundirse con el nivel equivalente ni con cualquier lectura denominada “máximo” en la pantalla. El equipo y la configuración deben permitir medirlo correctamente.
Valores de acción y valor límite
En España, los valores inferiores y superiores de acción son, respectivamente, 80 y 85 dB(A) para la exposición diaria, y 135 y 137 dB(C) para el pico. Los límites son 87 dB(A) y 140 dB(C). La atenuación de los protectores se considera al comprobar los límites, pero no para comparar con los valores de acción.
Precauciones para obtener mediciones fiables
- Comprobar el equipo: utilizar un calibrador acústico antes y después de cada medición o serie de mediciones.
- Colocar correctamente el micrófono: evitar que la ropa lo cubra o roce.
- Revisar las incidencias: un golpe sobre el micrófono puede generar un registro que no represente la exposición real.
- No perder los episodios breves: los impactos intensos también deben quedar incluidos en el muestreo.
Considerar la incertidumbre
Todo resultado tiene un margen de incertidumbre. Influyen el instrumento, la posición del micrófono, las variaciones del trabajo y la estimación de los tiempos. No basta con comparar una cifra aislada con un valor de referencia, especialmente cuando ambos están próximos. La evaluación debe considerar ese margen al decidir las actuaciones preventivas.
No promediar los decibelios como números corrientes
Los decibelios utilizan una escala logarítmica. Para combinar exposiciones de distintas tareas hay que realizar un cálculo energético y considerar sus duraciones; una media aritmética sencilla puede dar una valoración equivocada.
Medir para decidir cómo reducir la exposición
El objetivo no es terminar con un informe, sino actuar: elegir equipos menos ruidosos, mejorar el mantenimiento, instalar soluciones de reducción del ruido y organizar los tiempos de exposición. Los protectores auditivos forman parte de la prevención, pero no sustituyen la reducción del ruido en su origen.
Como orientación práctica: sonómetro integrador para tareas bien caracterizadas; dosímetro para seguir exposiciones móviles o variables. La elección final debe basarse en el trabajo real y en una estrategia representativa, no únicamente en la duración de la medición o en el aparato disponible.
