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Cuando se acumulan las tareas, faltan recursos y apenas hay margen para decidir cómo trabajar, prevenir el estrés exige mirar más allá de la capacidad individual para “aguantar”. El modelo de Karasek ayuda a entender esa situación: no importa solo cuánto trabajo se exige, sino también qué posibilidades tiene la persona de organizarlo y qué apoyo recibe. Esta mirada permite pasar de los consejos personales a las mejoras en la organización.
Qué es el estrés laboral y por qué debe prevenirse
El estrés laboral es una respuesta física y emocional que puede aparecer cuando las exigencias del trabajo superan los recursos y la capacidad percibida para afrontarlas. No debe confundirse el factor que lo provoca con la respuesta: unos plazos imposibles son una condición de trabajo que puede generar riesgo; el estrés es una posible consecuencia.
Para la empresa, la prevención de estos riesgos forma parte de su deber de protección. Esto implica identificar los problemas, evaluar los riesgos que no se puedan evitar y planificar medidas. El criterio central es actuar sobre su origen y adaptar el trabajo a la persona, no limitarse a pedir que cada trabajador se adapte a cualquier exigencia.
El modelo de Karasek explicado de forma sencilla
El modelo relaciona dos dimensiones: las demandas psicológicas del trabajo y el control que tiene la persona sobre su actividad. Su combinación ayuda a comprender por qué dos puestos con una carga parecida pueden presentar situaciones distintas.
Demandas: lo que el trabajo exige
Incluyen el volumen de tareas, la presión de tiempo, la atención necesaria y las interrupciones. Para identificarlas, conviene preguntar: ¿se puede terminar el trabajo dentro del tiempo disponible?, ¿hay que atender varias cosas a la vez?, ¿las interrupciones impiden avanzar?
Control: el margen para decidir y utilizar capacidades
En este modelo, control no significa vigilancia del trabajador. Significa autonomía para tomar decisiones sobre la actividad y oportunidades para utilizar y desarrollar habilidades. Por ejemplo, poder organizar el orden de las tareas o participar en la elección del método de trabajo.
Las cuatro situaciones del modelo
- Alta tensión: demandas elevadas y poco control. Es la combinación más desfavorable del modelo.
- Trabajo activo: demandas elevadas y alto control. Puede favorecer el aprendizaje.
- Baja tensión: demandas reducidas y alto control.
- Trabajo pasivo: demandas reducidas y poco control. Puede limitar el aprendizaje y el uso de capacidades.
Estas categorías orientan el análisis, pero no son diagnósticos individuales. Tampoco deben interpretarse como una autorización para aumentar indefinidamente las exigencias cuando existe autonomía: la evaluación debe considerar el conjunto de las condiciones de trabajo.
El apoyo social: una ampliación fundamental
El modelo se amplió incorporando el apoyo de compañeros y superiores. Poder pedir ayuda, recibir información útil y contar con un responsable disponible puede amortiguar los efectos de una situación exigente. La combinación de muchas demandas, poco control y escaso apoyo resulta especialmente desfavorable.
Del modelo a una evaluación útil
Karasek ofrece una forma de entender el problema, pero no sustituye una evaluación de riesgos psicosociales. Esta debe estudiar las condiciones reales del trabajo y utilizar procedimientos adecuados, con validez y fiabilidad. Su finalidad es identificar qué debe cambiar, no clasificar a las personas según su resistencia al estrés.
Escuchar, observar y contrastar
La evaluación puede combinar cuestionarios, entrevistas, grupos de discusión y datos sobre la organización. No basta con obtener una puntuación: hay que interpretar qué significa en cada puesto, turno o departamento, con la participación de quienes conocen el trabajo y el apoyo de personal técnico competente.
También es necesario explicar para qué se recogen los datos y cómo se protegerá su confidencialidad. La presentación de resultados debe evitar identificar a quienes responden, especialmente cuando se analizan equipos pequeños.
Cómo intervenir sobre las causas
La prevención primaria consiste en modificar las condiciones que generan el riesgo. Desde este enfoque, las medidas deben ajustar las demandas, aumentar la autonomía y mejorar el apoyo. La formación para afrontar el estrés puede complementar estas actuaciones, pero no sustituye la corrección de una organización perjudicial.
Ajustar las demandas
- Revisar la carga de trabajo y los recursos disponibles.
- Establecer prioridades claras y plazos realistas.
- Eliminar tareas innecesarias y reducir interrupciones evitables.
- Organizar el trabajo para permitir la recuperación.
Aumentar el control real
- Permitir decisiones sobre el orden y la forma de realizar las tareas, dentro de los límites de seguridad.
- Facilitar la participación en los cambios que afectan al puesto.
- Ofrecer oportunidades para utilizar y desarrollar capacidades.
Convertir el apoyo en acciones concretas
- Establecer canales claros para pedir ayuda y resolver incidencias.
- Favorecer la cooperación entre compañeros.
- Implicar a los responsables en la resolución de los problemas detectados.
Ejemplo práctico: un equipo de atención al cliente
Imaginemos un equipo que recibe llamadas mientras responde correos. Las prioridades cambian constantemente y cualquier incidencia necesita autorización. Este ejemplo es hipotético: sirve para mostrar cómo convertir el análisis en propuestas.
Identificar qué está fallando
Las preguntas iniciales podrían ser: ¿hay más solicitudes de las que el equipo puede atender?, ¿la atención simultánea genera interrupciones?, ¿qué decisiones podrían resolverse sin esperar autorización?, ¿quién ayuda cuando se acumula el trabajo?
Diseñar una respuesta organizativa
Medidas propuestas
- Separar franjas de atención telefónica y de respuesta a correos.
- Definir qué solicitudes tienen prioridad y cuáles pueden esperar.
- Autorizar la resolución directa de incidencias sencillas mediante criterios claros.
- Designar una persona de apoyo para los momentos de mayor demanda.
- Revisar si la capacidad disponible permite atender la carga prevista.
Comprobar los resultados
En este supuesto, podrían revisarse las tareas pendientes al terminar la jornada, las interrupciones y la posibilidad real de recibir ayuda. También habría que preguntar al equipo si los cambios funcionan o si el problema simplemente se ha trasladado a otra franja horaria.
Planificar, asignar responsabilidades y hacer seguimiento
Una intervención necesita algo más que una lista de buenas intenciones. La planificación preventiva debe concretar las medidas, los responsables, los plazos y los recursos necesarios. Corresponde a la empresa asegurar su ejecución; el asesoramiento técnico ayuda a elegir y evaluar las actuaciones.
El seguimiento debe prepararse desde el principio. Conviene distinguir entre implantar una medida y comprobar su eficacia: realizar una reunión o impartir un curso no demuestra, por sí solo, que haya disminuido la exposición al riesgo. Hay que revisar los cambios en las condiciones de trabajo y corregir lo que no funcione.
La idea central es sencilla: prevenir el estrés no consiste únicamente en enseñar a soportar mejor la presión, sino en organizar un trabajo que pueda realizarse con recursos suficientes, capacidad de decisión y apoyo. El modelo de Karasek ayuda a orientar esa tarea; la evaluación, la participación y el seguimiento permiten llevarla a la práctica.